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¿Será posible gozar la paz interior?
"Tengan Fe. Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura." (Mt. 6, 31-33)

¿Te has dado cuenta, Jesús Nazareno, que nosotros los hombres jamás disfrutamos de aquello que tanto anhelamos: la calma, el sosiego, la paz interior?

Alcanzadas las metas que tanto costaron, enseguida levantan de nuevo cabeza otros tantos punzantes problemas. Todos llenos otra vez de inquietudes, de dudas, temores y preocupaciones sin fin.

Dadas así las cosas, se multiplican barreras y se acrecientan distancias para poder saborear esa miel codiciada.

Frente a todo esto, yo me pregunto pero sin saber darme respuesta: ¿Será natural patrimonio del hombre sobrellevar esta carga?, ¿o será que existe en nosotros algún engranaje endiablado, que al no funcionar como debe impida lograr ese sueño?

Creo que nada casual se da en esta vida. Tampoco que de esto se pueda culpar al destino.Sin embargo, ha de exisitir una causa, que aunque huraña y esquiva, sea factor decisivo de tan añorada ausencia.

¿Qué pensás sobre esto Jesús Nazareno? Vos que conocés tantas cosas y hasta oradás corazones para leer ocultos secretos, ¿podés darnos por cierto una mano para aclarar este entuerto?

¿Será posible algún día desenredar tal ovillo o guardaremos de ella tan sólo la imagen de una bella y dulce ilusión?

Dejó apagar lentamente mi voz el Maestro. Luego con tono muy suave pero también decidido me dijo:
-Amigo, creo que estás errando el camino al pensar así de esta suerte. También digo que ignorás algo importante y que te conviene saber.

Recuerdo, continuó el Nazareno - y de esto hace ya mucho tiempo-, vino a verme un grupo de amigos, todos también preocupados por tu mismo problema. Les dije en esa ocasión: No se inquieten por su vida pensando en lo que habrán de comer, ni por su cuerpo pensando con lo que han de vestirse. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?

Son los paganos los que están detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe muy bien que las necesitan. Tengan Fe. Busquen primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura.

No se inquieten por el día de mañana. El mañana ya carga con sus propios problemas. No se multipliquen las penas. A cada día le basta con lo que tiene.

Esta fue la recomendación que entonces les di. Hoy a vos te doy el mismo consejo. En esto -te lo aseguro- reside todo el secreto de cuanto con tantas ansias buscás. Decíselo también a los tuyos. Es posible que algunos de ellos lo sepan; pero al no practicarlo ni tomárselo en serio, no cosechan el fruto esperado.

El trabajar cada día para ganarse la vida, nadie lo pone en duda. Es la ley que a todos se nos aplica. No hay otra. ¡Pero cuidado! Si al hacerlo con ahinco, entusiasmo y con ganas se olvidan de mi advertencia, corren el riesgo de perder lo esencial y sufrir muy lamentables excesos. La propia quiebra del alma y la ausencia de paz interior pueden darse entre ellos.


De esta charla que te comento, como podrás apreciar, ya pasó mucho tiempo. También cambiaron sus protagonistas que por supuesto no son los mismos de hoy. Sin embargo, las dudas, los miedos y los problemas de ayer, hoy también se repiten y afloran con renovado vigor. De esto no hay que extrañarse. Todos son gajes de la misma condición humana.

Con esto querido amigo, creo haberte dado una mano en lo que me pediste. No olvidés el consejo. Es de vital importancia. Tampoco basta darse por informado. Si querés ver los efectos, tenés que ponerlo en acción.

La Fe es un don muy especial. Un verdadero regalo del cielo. No todo el mundo la tiene, ni puede comprarse tampoco con ninguna clase de bienes. Se obtiene pidiéndola humildemente.Y sólo se da a quien mi Padre se la quiere obsequiar.


El Nazareno cerró su boca y calló. Sus palabras calaron muy hondo en mi mente. Meditando vi en ella, interminables legiones de almas que a su paso por este mundo cumplieron a diez su consejo. Supieron realmente confiar en Aquél que un día les dijo: No temáis. Creed en Mí. Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos.

¡De esto brotó la Paz con la que los hombres tanto soñaron!
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Rogelio Oro 8/1/2007



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