a la página inicial
 
 
La Biblia

Interrumpido temporalmente
El año cristiano

Santoral

Lecturas del día

Suscripciones
Catequesis

Catecismo de la Iglesia

Artículos

Principales oraciones
Comunidad

Mis favoritos en LBOL

Agregar a mis favoritos

Sitios recomendados

Libro de visitas
Institucional

Sobre La Biblia On Line

Staff

Preguntas frecuentes

Contacto
La luz que transforma las cosas

Hay cosas interesantes que pasan mientras dormimos y algunas veces también cuando estamos muy relajados.

Sucedió en cierta ocasión, al querer darle a mi mente un rato de grato sosiego, quedarme profundamente dormido sobre un diván de la casa.

Soñé que estaba paseando por un pueblo chico y lejano. A pesar de su pequeñez, lucía en el centro del mismo, un gigantesco salón con grandes obras de arte.

Un día con varios amigos fuimos curiosos a verlo. Un mundo de gente bullía en medio de tantos cuadros. Los había de gran variedad de temas y contenidos. Rostros y cuerpos de gran expresión, marinas impresionantes, conjuntos de personajes, radiantes amaneceres, melancólicas puestas de sol. Ostentaban también su presencia, escenas de puertos brumosos, vistosos jarrones con flores y cien paisajes diversos unos más bellos que otros.

Pero entre todo el conjunto, uno se destacaba por tener algo especial y ser el centro de cuantas miradas había. Yo mismo confieso que, al pasar junto a él, no pude evitar el hechizo que de ese cuadro emanaba. Pero, ¿qué era en concreto lo que allí seducía? No sabría explicarlo aunque así lo quisiera. Había una cosa de cierto: todos caían rendidos bajo el embrujo de tan extraña pìntura.

Como quizás alguien pensase, no era la perspectiva, tampoco la simetría, ni siquiera su encuadre particular lo que llamaba la atención. Tampoco sus vivos colores. Después de observarlo un rato con ojos escrutadores, caí al final en la cuenta del verdadero motivo de tan singular atracción. Era ni más ni menos, "la luz", pero una luz formidable por no decir misteriosa que con magistral armonía danzaba divinamente sobre esa delgada tela aferrada a su fuerte marco. Por donde se deslizaba todo cobraba vida tiñéndose de frescura y de un insinuante color. De aquí este asombro total frente a semejante belleza.

¡Qué placer era mirarlo! Pues en ese derroche de luces mientras más éstas resplandecían, más se escondían las sombras en sus lóbregas alcobas.

¿Qué artista más refinado sería el autor de la obra? ¿Qué maestro, el de tal maravilla?

Era factible, según nos dijeron, que él estuviese presente en esa espaciosa sala. Gustaba cambiar impresiones con quienes se le acercaban. Y si era el caso también brindar excelentes lecciones a quienes de grado se lo pidieran.

Por suerte resultó ser verdad la concebida sospecha. Pronto estuvimos charlando con tal eximio pintor.

"Por lo que veo", nos dijo, "han disfrutado a pleno del cuadro que tanto admiran. Sepan que todos ustedes , y no se sorprendan de ello, pueden llegar a lo mismo siempre que ustedes lo quieran. La vida toda es una gran pinacoteca donde todos -sin excepción y sin ninguna clase de trabas- podemos mostrar a la gente nuestra mejor obra de arte: la de la propia persona (Mt. 5,16). El éxito está descartado si velamos con celo la fuente de donde proviene esa luz que por donde pasa atrapa y fascina.

Siempre estará presente, nos dijo, si sabemos dar de nosotros lo mejor que tenemos: la alegría, la ilusión, la simpatía, la bondad, la generosidad y la paz, el entusiasmo, el buen humor. Pero también estará cuando luchemos con fe por el ideal que abrazamos y optemos por la honradez ante cualquier tentación. En forma particular insistió sobre el Poder del Amor como fuente vital de esa luz que cuanto toca transforma.


Si comprendimos bien la lección habremos llegado a la cuenta de que es imposible aspirar a "nuestra obra maestra" si no cultivamos primero las virtudes y los recursos que cada uno lleva consigo.

Y como colofón final recordar que es tan grande y fuerte al amor que sin él nada bueno puede existir. Cuando la tierra termine y con ella también la fe y la esperanza, sólo el Amor quedará titilando sobre los cuadros de todos aquellos autores que supieron nutrirse con él.
Otros artículos de Rogelio Oro
¿Qué es eso del Reino de Dios?

¿Será posible gozar la paz interior?

Razón y fe

- más -


Rogelio Oro 19/10/2002



Preparar para imprimir

Copyright © 1999 - 2013 La Biblia On Line