Hay ciertas cosas que llaman sin más ni más la atención. Hay otras, por el contrario, que pasan inadvertidas, no revisten el menor interés.
¿Por qué se establece entre ellas ese desequilibrio, unas sí, otras no, siendo que cada una guarda un mensaje real, aunque a veces confuso que no podemos captar o nos cuesta mucho creer? ¿Qué se interpone entre nosotros y ellas para no poder comprender?
Recuerdo que siendo niño, me deleitaba y gozaba contemplando los colores de una bellísima flor. ¡Qué variedad, qué armonía, qué textura, qué esplendor, qué brillo en sus reflejos, que visión multicolor! La calidez de su rostro emanaba de su piel. Una maravilla total.
Pienso, ahora ya de grande, y en efecto lo sé, que este modo de actuar respondía a un inconsciente aprendizaje. Poco a poco y paso a paso iba yo asimilando el concepto de hermosura.
Además recuerdo otra cosa que llamaba mi atención: las golondrinas raudas volando sobre nuestras cabezas y las piruetas que hacían cuando nosotros chiquillos con rústicas hondas de goma (*), las queríamos cazar.
También ahora pregunto y no lo llego a entender ¿por qué siendo ellas tan donosas y bellas, nosotros los "niños buenos" queríamos atraparlas así? Como ellas, también corrían la misma suerte pajaritos inocentes, torcacitas y gorriones, venteveos, picaflores y tantos otros, en fin.
¿Por qué esa inclinación morbosa, ese deseo torcido? No creo que en ese entonces hubiese de nuestra parte tantas ganas de hacer mal. Pienso sencillamente que tal manera de obrar, respondía a un gusto pueril y extraño de dañar con diversión. No existía una consciente malicia.
Así como de estas cosas, podríamos hablar de otras tantas...pero si de muestras se tratan, con estas son suficientes.
A esta altura del camino y con no poca experiencia a cuestas, todavía nos quema la tentación de conocer el arcano que encierra todo acontecimiento. Por supuesto todo lo que sucede, nos guste o nos disguste, nos aplaste o nos eleve, nos asuste o nos asombre, nos plazca o nos amargue, nos ciegue o nos deslumbre; en fin, todo cuanto pase a mi lado y del ajeno también. ¿Qué nos querrán trasmitir estos ocultos mensajes que hasta nosotros quieren llegar?
Dios muchas veces intenta hacernos sentir su voz a través de lo que ocurre, pese a nuestra incredulidad. Deberíamos estar atentos.
¿Cuántas veces preguntamos si esto que hoy discutimos es una pura simpleza o un aviso del Cielo? Y sin salirnos del tema y yendo bien a lo nuestro, nos hemos alguna vez preguntado y en serio lo que está "aquí y ahora" ocurriendo en nuestra querida Argentina? Dedicarle unos minutos no estaría de más. Se haría mucha luz, de seguro.
Si tomamos conciencia de que en el Cosmos no existe nada sin un fin preciso, convencidos llegaremos a aceptar que en todo lo que sucede hay un mensaje escondido que debemos descifrar.
Si logramos ahí llegar, y no será difícil por cierto, habremos quizás aprendido a comunicarnos con Dios en forma personal. Vale la pena intentarlo. Nuestros grises horizontes se iluminarán de repente repletos todos de luz.
(*)Gomera. |
|