El día se engalanó de azul con ribetes de plata y oro. Alguien hubiera insinuado que se preparaba una fiesta. Y vaya qué fiesta fue. Imposible recibir regalo más bello y hermoso ¡Qué cosa maravillosa ver descolgarse del cielo ese cachito de carne vibrando con un corazón!
Pensar que todos los días del año se presencia igual milagro. Muchos son, sin embargo, los que no saben agradecérselo a Dios.
Pero al fin, nieta del alma, ya estás con todos nosotros. Te esperábamos con ansias. Nueve meses no son nada. Pero cuando la espera transcurre por la llegada de un ángel, los días o meses que pasan pueden trocarse en eternos, parecen nunca llegar.
Pero ya ese día arribó y te estamos contemplando, acurrucadita en la cuna con ese cuerpito de pan y esos ojitos de luna.
Con tu presencia trajiste inmensa paz y alegría, junto con el abrazo muy cariñoso de Dios ¿Qué más podemos pedir? ¿Qué más para ser felices?
El amanecer de una vida es tan espectacular que no se puede explicar ni aunque uno lo quisiera. Todos ellos encierran una magia muy especial.
Lástima que muchos mortales saturados con bagatelas terrenas, no llegan a ver ni a gozar tantísimos amaneceres.
Pero dejemos la filosofía y vayamos a lo que interesa.
¿Te recordás, angelito, de mis pasos lentos y pausados, que muchas veces velaban tu quieto sueño uterino, mientras tu madre soñaba con felices fantasías?
Cuántas veces presentí y también imaginé que desde "adentro" me hablabas contándome cosas bellas, que llegaban hasta el alma. Jamás olvidaré esos invisibles mensajes cargados con tanta dulzura. Tampoco podré olvidar tus cartitas que un día hasta mi casa llegaron y supieron sacudir la raíz de mis emociones.
Gocé tanto con ese estilo y acento, tan suave como divino, que dabas a tus renglones, que a veces llegué a dudar que eso pudiera ser fruto de una criatura en su plena gestación. Pero fue sólo un instante. La duda se disipó muy pronto.
Gracias por tu inocencia y tus mensajes tan sabios. Con esto me confirmé que la real sabiduría se esconde en vasos pequeños, pero hay que saberla encontrar.
A veces yo me pregunto, queridísíma nieta, ¿por qué se dará tanta dicha entre dos existencias extremas: la tuya, que marca el nacer, y la mía, que va declinando? Esa misma que se da entre lo pequeño y lo grande, entre la tierra y el cielo, entre el ser y la nada.
Siempre me gustó investigar el misterio de las cosas. Confieso que algunos logré aclarar, otros quedaron flotando en el aire. Pero no dudo y reafirmo que lo fabuloso y lo grande que el hombre busca y rastrea, se encuentra muy escondido en la pequeñez de las cosas y no en los bultos grandes.
Y ya que tu abuelo te escribe esta primera misiva, no quiero dejar de decirte algo que siento profundo y muy hondo dentro del alma: que has nacido en un maravilloso momento por no llamarlo estupendo. Quizás otros no piensen igual y afirmen todo al revés. A nosotros los grandes nos cuesta, a menudo, entender esos raros caminos que, vaya a saberse porqué, se descuelgan a veces del cielo.
Pero si ahora justo naciste, por algo sabio y hermoso será. No existe la casualidad. Dios no juega a los dados como alguien afirmó. Tiene todo calculado, Sus planes no fallan jamás. Él es el único dueño y señor de toda la creación. No se asusta ni echa atrás ni siquiera ante los más espantosos peligros. Sabe regir sus dominios y disponer de los hechos.
Es posible que esté ahora planeando una nueva generación, para vivificar este mundo que parece fenecer.
Necesita de tiernos y frescos retoños para poder reparar los yerros que todos nosotros -pudiendo- no logramos, o quizás no quisimos hacer.
Vendrá una nueva vendimia con puro y auténtico vino que cuando llegue su tiempo, ustedes, la nueva generación, con gusto podrán brindar. Serán ustedes quienes retomarán el pulso del mundo que se avecina.
Querida Clarita del alma: sé que sabrás comprender con tu lenguaje inocente y puro, cuánto te quise decir en estas líneas sencillas. Guarda con celo lo que hoy te escribe el abuelo. Y cuando llegue el momento de brindar con el nuevo vino de las futuras cosechas, recuerda una vez más que Dios no jugaba a los dados, que todo estaba previsto en su saber infinito. Tu nacimiento esperado y querido vino en el momento mejor.
No te olvides de pedirle que, pese a todo lo que pasare en esta nueva vuelta del mundo, no se olvide de nosotros y a vos te haga inmensamente feliz.
Tu abuelo que mucho te quiere. |
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