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Desarrollo espiritual
La gente comienza a ver lo que tiene valor verdadero, que -en general- no se ve, tampoco exige dinero y, aunque parezca estar lejos, se encuentra muy cerca nuestro.

En un mundo signado por la presencia de falsos dioses, se llamen como se llamen: materialismo, consumismo, hedonismo o nacionalismo extremo, ¿será posible tratar de algo que a simple vista parece raro y extraño, como es el querer hablar sobre "desarrollo espiritual"?

Por fortuna pienso que sí, y más de lo que pensamos. Entre nosotros y muchos otros también, algo nuevo se está gestando y no lo podemos negar.

El hombre de hoy, de a poco pero sin pausa, va descubriendo en la tierra, cosas que no son tan banales, tampoco superficiales como creía en un tiempo. Comienza a mirar las mismas quizás de otra manera y a darles a todas ellas un valor apropiado que antes no se lo daba.

A través de todos los tiempos, la humanidad ha buscado solución a cantidad de problemas que hacen a su misma esencia. En parte a veces lo consiguió, pero siempre muchos quedaron aguardando respuestas que nunca se presentaron.

Sin desconocer a otros tampoco, sellados por la amargura, infortunios y sombras funestas que le dieron triste fama, hoy asistimos también a momentos densos de la historia difícil de comprender, más aún de poder superar.

Pareciera que la gente está completamente frustrada, desorientada y cansada por tantos intentos vanos de conseguir sin lograrlo aquello que más precisa para poder subsistir. Pero aún aquellos que tienen suerte muy diferente, sienten también en medio de su abundancia, algo que siempre les falta, un persistente vacío que nunca pueden llenar.

Y es aquí, justo, donde muchos comienzan a ver las cosas de otra manera, quizás por el lado opuesto que jamás imaginaron. Por fortuna, hoy se va descubriendo de a poco, y gracias a Dios a tiempo, lo que otros pocos por excepción ya hace mucho encontraron: que existen otros valores, otras clases de riquezas más valiosas que las joyas, más que las piedras preciosas o más que el mismísimo oro.

Y es esto precisamente sobre lo que queremos hablar y que entre nosotros llamamos "desarrollo espiritual", pues nos enseña cómo elevar el alma y trascender las cosas.

La gente comienza a ver lo que tiene valor verdadero, que en general no se ve, tampoco exige dinero y aunque parezca estar lejos, se encuentra muy cerca nuestro. ¿Adivinanza quizás? Aunque por cierto así lo fuera, es fácil de resolver.

Y para poder apostar por esta simple certeza, vayamos a los ejemplos sin dar tantos rodeos. Y veamos si por azar alguien quizás se atreve a negar lo que decimos o simplemente dudar del bienestar que produce semejante renovación. Para esto nos preguntamos:

¿Quién no ha sentido vibrar sus fibras al contemplar una puesta de sol o disfrutar de una noche de estrellas?

¿Quién no ha gozado la calma junto a un lago sereno o frente a una verde pradera que calma y suaviza los nervios?

¿Quién no pudo escuchar una vez la dulce canción del arroyo estirándose perezoso entre guijarros y juncos?

¿Quién no aprendió a deleitarse mirando un bello jardín engalanado de flores? ¿O con los suaves acordes de una dulce melodía?

¿Quién puede negar el placer de estar frente al aire y al sol y también embriagarse de luz para ponerse a soñar?

¿Quién no quedó anonadado contemplando un amanecer en medio de las montañas?

En realidad, ¡qué simples cosas necesitamos para alegrar nuestras vidas y tener también bienestar!

¿Alguien con sincera actitud podrá negar todo esto?

Quizás falten otros ejemplos para poder demostrar cómo se templan las almas y se enciende el corazón.

¡Cuánta paz y alegría conlleva cruzar palabras con quien nos comprende y ama! O tender con amor una mano a quien más necesita y reclama.

Ayudar al indigente siempre trajo consigo sosiego y alivio al alma.

¡Qué sensación impagable cuando puede darse compañía al que sufre soledad o se procura brindar consuelo a quienes están afligidos o guardan quizás una pena difícil de soportar!

Y como último botón pues es necesario abreviar qué inefable satisfacción la del que sabe perdonar con sincero corazón al que una vez lo ofendió.

A todo esto y muchísimo más que nos eleva y trasciende acercándonos a Dios, es lo que simplemente llamamos "desarrollo espiritual".

Si lo sabemos ejercitar con tino y delicadeza, veremos cambiar muy pronto muchos de nuestros conceptos, pues habremos -sin duda- aprendido a mirar las cosas diarias con otra clase de ojos.

Lo que pretende brindarte este sencillo mensaje es hacerte conocer que "estas pequeñas-grandes riquezas", que no se ven pero se sienten y se gozan, cualquiera las puede obtener. Sólo tienen un precio: saber conservar los ojos limpios de un niño y un corazón bien dispuesto para poder disfrutar las cosas simples que tiene la vida.
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Rogelio Oro 15/1/2002



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