 "La Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días en el día que es llamado 'día del Señor' o domingo (...) Por eso, el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles (...). No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean, de veras, de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico (...). Oriéntese el espíritu de los fieles, sobre todo, a las fiestas del Señor, en las cuales se celebran los misterios de la salvación durante el curso del año. Por tanto, el ciclo temporal mantenga su debida superioridad sobre las fiestas de los santos, de modo que se conmemore convenientemente el ciclo entero del misterio salvífico"
(Concilio Vaticano II: Constitución Sacrosanctum Concilium, nn. 106-108)
(4-12-63)
 "Por su peculiar importancia, el domingo solamente cede su celebración a las solemnidades y a las fiestas del Señor, pero los domingos de Adviento, de Cuaresma y de Pascua tienen precedencia sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coinciden en estos domingos han de ser anticipadas al sábado. El domingo excluye de por sí la asignación perpetua de otra celebración"
(Normas Universales sobre el Año Litúrgico y sobre el Calendario, aprobadas por la Carta Apostólica 'Motu proprio' Mysterii Paschalis de S.S. Pablo VI, nn. 5-6)
(14-2-69)
 "Si se presenta alguna grave necesidad o utilidad pastoral, puede celebrarse la Misa más conveniente por mandato o con permiso del Ordinario del lugar; y eso cualquier día, exceptuando las solemnidades y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua..."
(Ordenación General del Misal Romano, promulgada –junto con el Misal Romano reformado por mandato del Concilio Ecuménico Vaticano II– por S.S. Pablo VI por la Constitución Apostólica Missale Romanun, n. 332)
(3-4-69)
 "Su Santidad desea ante todo subrayar la importancia capital del tema, el domingo, presentado... con la incisiva expresión del seudo Eusebio de Alejandría: «El día del Señor es el señor de los días». La preeminencia única del domingo sobre los demás días de la semana se debe, en efecto... a la magnitud e importancia del misterio que siempre, desde la edad apostólica, ha sido el objeto de esta 'fiesta primordial' puramente cristiana: el misterio pascual de Cristo Señor (...). Y ésa es la causa por la que los días festivos de entre la semana pueden variar y varían de hecho en una u otras naciones, mientras que para el domingo no hay diferencia alguna: toda la Iglesia está de acuerdo en celebrar este día su Pascua semanal"
(Cardenal Jean Villot, Secretario de Estado de S.S. Pablo VI: Carta a la XXVIII Semana Litúrgica Nacional Italiana; L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 11/9/77)
(14-8-77)
 La relación de "la gloria de los santos con la de Cristo está inscrita en el estatuto mismo del año litúrgico y encuentra precisamente en el carácter fundamental y dominante del domingo como día del Señor, su expresión más elocuente. Siguiendo los tiempos del año litúrgico, observando el domingo que lo marca totalmente, el compromiso eclesial y espiritual del cristiano está profundamente incardinado en Cristo..."
(S.S. Juan Pablo II: Carta Apostólica Dies Domini, 78)
(31-5-98)
El día del Señor, reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado nuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio (...) Pues este es el [sacrificio del cual] dijo el Señor: «En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones».
Didajé o "Doctrina del Señor a las naciones por medio de los Doce Apóstoles", n. XIV, 1 y 3 (siglo I?/II?) |
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