a la página inicial
 
 
La Biblia

Interrumpido temporalmente
El año cristiano

Santoral

Lecturas del día

Suscripciones
Catequesis

Catecismo de la Iglesia

Artículos

Principales oraciones
Comunidad

Mis favoritos en LBOL

Agregar a mis favoritos

Sitios recomendados

Libro de visitas
Institucional

Sobre La Biblia On Line

Staff

Preguntas frecuentes

Contacto
El gran proyecto
No te enfadés ni perdás nunca la calma pues Él, como señal de sorpresa, tiene siempre escondida una carta bajo la manga.

Te encuentro y aprovecho el momento para poder terminar de explicarte lo que en la charla anterior no pude. Ahora, estando tranquilos los dos, pongo punto final al tema.

Tales fueron las expresiones con las que me sorprendió el Nazareno al regresar hoy del trabajo.

El éxito de grandes batallas -me dijo- no siempre ha dependido de la bravura de los soldados. Sin desmerecer para nada su indiscutible arrojo y valor, por lo general siempre hubo allí "algo más", algo muy especial que intervino para determinar la suerte final de la lucha: la presencia de un plan bien trazado, la confección de un sabio proyecto que permitiese organizar todas las fuerzas y así lanzarlas hacia el triunfo final.

En otro orden de cosas y en otro plano también -prosiguió el Nazareno- el hombre está sometido en la tierra a un duro y continuo combate en el que se ha de empeñar en ganar sí o sí, ya que si perdiera, se privaría para siempre de lo que durante toda la vida soñó: su felicidad personal. Pero la real, la verdadera, aquella que siempre perdura y nunca termina.

Con todo de entrada debés saber una cosa. Se trata de un difícil combate pues se da en condiciones muy desiguales. Las armas que cuenta el humano son muy limitadas, escasas y de muy poco alcance. Mientras que las que dispone aquél que amenaza y ataca, son parte de un poderoso arsenal.

El hombre además está revestido de una naturaleza humana lo que lo hace más frágil y débil aún. Nada que ver con lo que ostenta su cruel adversario, que aunque siendo un ángel caído, nunca dejó de ser lo que fuera ni cambió lo que fue: un real y auténtico Espíritu con todas las de la ley. Por ende muy superior en todo a cuanta criatura humana pudiera haber.

De aquí su condición tan desigual, la gran diferencia que existe entre las fuerzas del hombre y las de su poderoso rival.

¿Qué esperanza de triunfo entonces podrá abrigar en un encuentro tan desparejo? ¿Con qué aspiraciones de triunfo luchar si con el que uno se enfrenta es nada menos que aquel cuyo nombre es Lucifer? ¿Aquél que mi Padre humilló, derrotó y expulsó para siempre del Cielo? ¿Aquél que aún siendo así como es conserva y comanda todas las fuerzas del mal con armas de última generación?

Hizo la descripción con tanta viveza, con tal precisión de expresión que llegado a este punto, no pude ya contenerme y olvidándome por un rato quién estaba delante de mí, estallé en un amargo y duro reproche ante lo que yo suponía ser una tremenda, enorme e inexplicable injusticia.

¿Puede ser Dios tan injusto -le dije- de poner al género humano en situación semejante, en condiciones tan diferentes que el hombre nunca podría soñar así en alcanzar la victoria final?

¿Cómo explicar ese Amor que tu Padre dice tener a los que Él llama "sus hijos" y luego los abandona como si fueran bastardos o casi chatarras humanas?

Y callé... pues mi indignación ahogaba ya mi garganta privándome de la voz. Luego, con cierta dificultad, traté de tomar un poco de aliento para poder reponerme del mal momento pasado.

En esto estaba cuando sentí de nuevo la voz del Maestro que con su tono habitual me decía: Amigo, no te ofusqués, recobrá un poco la calma y no te volvás blasfemo. No terminé aun de explicarte las cosas y ya estás prejuzgando e interpretando torcido los hechos. Déjame pues concluir. Quizás después de que lo haga no sigás pensando lo mismo.

Así en indigencia total -te decía- quedó la primera pareja humana después de su funesta caída. Ella y los que después de ella vinieron, perdieron cuanto tenían o hubiesen podido tener: gozo, paz, alegría. Y como si esto aún fuese poco, la vida que hasta ese entonces no era en absoluto mortal. Pero sobre todas las cosas perdieron la dicha de no encontrarse todos los días con Dios.

Y así la suerte se echó. El hombre fue expulsado de su delicioso jardín, como lo fue también Lucifer en su tiempo del suyo.



Pero, ¿qué extraña explosión sacudió luego los mismísimos cimientos del cielo? ¿Qué hilos tan especiales y finos se cruzaron en la mente de Dios? Dudo que alguien pueda decirlo.

Mi Padre, que nunca dejóse vencer en amor ni en generosidad, no resignóse a perder por toda la eternidad a su incomparable obra maestra, la primera pareja humana, la que fue concebida para modelar y construir este mundo.

Fue así que con la rapidez de un rayo, trazó en su mente divina un soberbio y grandioso proyecto, un Proyecto de Redención. Fue tan grande y sublime el mismo como grande y tremendo el bajón que sufrió cuando se enteró de su precio.

Verdad que era Dios, y como tal podía enfrentarlo pero...¿no era quizás demasiado? ¿Valdría la pena llevarlo a cabo? Sólo con pensarlo lo enloquecía.

Pero como era tan serio el asunto, antes de tomar decisión, quiso consultar con sus Pares.

Después de tan tremenda y tensa sesión, no hubo más que agregar. Ya no quedó duda alguna. Yo, su Hijo, su amado y único Hijo, concretaría la operación, llevaría a cabo el Proyecto, correría todos los riesgos y pagaría el precio que el mismo exigía. ¿Cómo podría oponerme a la voluntad de mi Padre?

En esta sesión quedó además bien sellado el tiempo, el día y la hora de comenzar y terminar el proyecto. Y tal como se decidió, así también se cumplió.

El resto con sus detalles, no me lo preguntés, pues ya bien lo sabés. Por lo demás, para conocimiemto de todos la Historia guardó su memoria.

A partir de este el hombre, el género humano, ya no podrá excusarse de enfrentar con armas tan pobres a tan invencible adversario. Dios lucha ahora con él. Sólo queriendo podrá dejarse vencer. El plan de la Redención a todos sin excepción se ofrece para poderse salvar y sólo podrá perderlo el que así lo quisiera.

Este es el tema que quería cerrar poniéndole el punto final. No sé cuál ahora será tu opinión sobre lo que antes pensabas. Pero ya ves que quien siempre sale ganando en Amor y generosidad es aquél a quien reprochás muchas veces sin conocerlo del todo.

No te enfadés ni perdás nunca la calma pues Él,como señal de sorpresa, tiene siempre escondida una carta bajo la manga.
Otros artículos de Rogelio Oro
¿Qué es eso del Reino de Dios?

¿Será posible gozar la paz interior?

Razón y fe

- más -


Rogelio Oro 14/3/2005



Preparar para imprimir

Copyright © 1999 - 2013 La Biblia On Line