En los Hechos de los Apóstoles, libro escrito alrededor del año 80, Lucas menciona que «el primer día de la semana estábamos reunidos para la fracción del pan...» (Hech 20, 1ss). «Fracción del pan» es el nombre que recibía entonces la Eucaristía (cf. Lc 24, 30.35; Hech 2, 42). Y en el Apocalipsis (circa 95) el primer día de la semana es llamado «el día del Señor» (o «día señorial del Señor») (Apoc 1, 10), designación que le quedaría como nombre propio: "día del Señor", "kyriaké emera", "dominicus dies", "domingo".
No hay dudas, pues, de que ya desde el comienzo, los seguidores de Jesús se reunían para la Eucaristía (el "banquete del Señor") en el primer día de la semana (el "día del Señor"). Es verdad que en un principio los cristianos siguieron frecuentando la sinagoga, y dándole valor al sábado, pero esa situación no duró mucho, y además la «fracción del pan» en «el primer día de la semana» fue desde el comienzo una primera e importante distinción respecto del culto judío.
Los cristianos de la era postapostólica también lo entendieron así desde un principio. El texto cristiano más antiguo, fuera de los canónicos del Nuevo Testamento, es la "Didajé", o "Doctrina de los Apóstoles", que algunos autores ubican en los últimos dos decenios del siglo I. Se trata, pues, no sólo de una fuente antiquísima, sino que podría ser anterior a los últimos libros canónicos de la Biblia. La "Didajé" nos dice: «El día del Señor, reuníos para la partición del pan y la acción de gracias» (Didajé, XIV, 1). Es la misma expresión que usa el Apocalipsis: el "día señorial del Señor".
San Ignacio de Antioquía (que murió alrededor del 110) contrapone el sábado con el domingo hablando de los que llegaron a una esperanza nueva, «...no ya observando el sábado, sino el día del Señor, en el cual también surgió nuestra vida por Él y por su muerte» (Carta a los Magnesios, 9).
Es muy valioso también el testimonio de un pagano. Plinio el Joven, en su célebre carta al emperador Trajano (circa 112), dice que los cristianos afirman «que toda su falta y todo su error consistía en reunirse habitualmente en un día fijo, antes del alba, para cantar... un himno a Cristo como a un dios». "Un día fijo": sin duda, el domingo.
San Justino se mantiene en la misma línea cuando, en la primera Apología, escribe: «El día que se llama el día del sol, todos... se reúnen en un mismo lugar (...) Y celebramos esta reunión general el día del Sol, por ser el día primero, en que Dios, transformando las tinieblas y la materia, hizo el mundo, y el día también en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos» (Apología I, 67). "El día del sol": tal es el nombre que entre los paganos recibía el primer día. A ese nombre (que aún perdura en algunas lenguas: Sunday, Sonntag), los cristianos lo releen en función de Jesucristo, el verdadero "sol" de la humanidad y "luz del mundo", recordando que el «primer día» de la creación Dios hizo la luz.
Estos testimonios tan antiguos confirman que la Iglesia tuvo plena conciencia, ya desde el comienzo, de que debía "santificar", no ya el sábado, séptimo día, en que Dios descansó, sino el domingo, primer día, en que Dios «actuó» (Sal 118 / 117, 24).
Pero el domingo no es en absoluto una simple transposición del sábado, como si dijéramos: es lo mismo, pero otro día. No. El sábado es primariamente un día de descanso, en el que se prohibe cualquier tipo de trabajo; no así el domingo cristiano. El descanso es un elemento secundario, cuyo carácter civil surge recién en el 321: el emperador Constantino dispone entonces el descanso «en el día venerable del Sol». Más tarde este elemento del descanso aparece en reglamentaciones eclesiásticas, lo mismo que el precepto; pero sin duda no es el elemento central del domingo, a pesar de su indudable valor antropológico. |
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