a la página inicial
 
 
La Biblia

Interrumpido temporalmente
El año cristiano

Santoral

Lecturas del día

Suscripciones
Catequesis

Catecismo de la Iglesia

Artículos

Principales oraciones
Comunidad

Mis favoritos en LBOL

Agregar a mis favoritos

Sitios recomendados

Libro de visitas
Institucional

Sobre La Biblia On Line

Staff

Preguntas frecuentes

Contacto
Muerte y Resurrección

No hay duda que donde se dice muerte, se dice fin, término, desaparición. La naturaleza tiene sus ciclos: nacer, crecer, morir. Y el hombre como toda terrenal criatura no escapa a esta ley universal.

Sin embargo, nada hay más engañoso para los que alumbramos nuestra vida con la antorcha de la fe cristiana. Pagamos tributos a la muerte, no hay duda; pero ella no significa el final de todo, no es sinónimo de vacío total, no es la nada. Simplemente, el sendero silencioso y necesario para arribar a la eternidad.

Hoy evocamos los cristianos en el mundo entero, el acontecimiento más sublime e inimaginable que la Historia haya conocido. La creación toda, en su conjunto, con la corte de sus variados reinos: vegetal, animal y humano, rinden pleitesía, gloria y honor a quien glorioso y triunfante se irguió radiante sobre su sepulcro derrotado.

Jamás asistió la Historia a suceso tan inédito como escalofriante; con todo no pudo sustraerse a ser testigo de tamaño portento acaecido.

¿Qué mente humana descifrará el misterio? Difícil comprenderlo. ¿Quién osado se atreverá a negarlo? A lo largo de los siglos, es muy cierto, no faltaron voces orgullosas que dieron por muerto y sepultado para siempre a un Dios hecho Hombre. Lástima. Se quedaron sólo con la mitad de una verdad. Perdidos y obcecados en su gesto de soberbia, se mostraron incapaces de admitir y descubrir la otra mitad, la que los Cielos sorprendidos vieron y la Tierra anonadada contempló: su Resurrección. Esa misma que el apóstol Pedro, con solemne y lapidario testimonio proclamara ante quienes con odio y maldad no disimulable lo mandaron a la Cruz. "Dios ha resucitado entre los muertos...lo que hemos visto y oído, no lo podemos callar". (Hech. 3, 15; 4, 20) Esa misma verdad que, por otra parte, ya estaba en las Escrituras registrada y anunciada claramente por Profetas.

No dudamos que la resurrección fue el corazón de la misión de Cristo. La que le dio total sustentación y jerarquía y fue sello de su divinidad.

Tan importante es en la vida cristiana este singular evento que el apóstol Pablo se atrevió con inusual firmeza a confesar: "Si Cristo no hubiese resucitado, para nada serviría nuestra predicación y nuestra fe"..."y nosotros, los cristianos seríamos los hombres más necios e infelices de este mundo. Pero Cristo resucitó y todo ya cambió". (1 Cor. 15,14-19)

La Resurrección resultó ser así para nosotros todos, un verdadero torrente poderoso de luz, de fuerza y de alegría, como también un vigoroso y fuerte espaldarazo a nuestra fe y esperanza sacudidas.

Ahora sí que el Hombre-Dios, mirándonos a los ojos con total franqueza podrá decirnos:

¡Ánimo y confianza!
Que lo gris y lo negro ha terminado; las pruebas y dolores han cesado, las lágrimas y llantos se han fundido.
Que de todo esto, lo grande y portentoso ha sido, que vieras a la muerte en vida convertida y demostrarte así, de esta manera, que mi Reino anunciado y predicado, no es ilusión perdida, sino prueba de un Amor incontenible traducido en felicidad sin fin.
Te prometo con el "Signo" que te he dado, compartirlo contigo eternamente.


¿Será para dudarlo?
Otros artículos de Rogelio Oro
¿Qué es eso del Reino de Dios?

¿Será posible gozar la paz interior?

Razón y fe

- más -


Rogelio Oro 23/4/2001



Preparar para imprimir

Copyright © 1999 - 2013 La Biblia On Line