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No te dejés robar la esperanza
Yo sé que el paso por esta tierra, como bien lo expresaste en tu charla, no tiene nada de fácil como muchos tal vez lo quisieran.

¿Por qué será Nazareno que hay días en que los hombres piensan estar muy cerca del cielo y otros, por el contrario, tienen la sensación de estar rozando el infierno?

Los primeros sin ser muy mezquinos no suelen ser tan frecuentes. Por eso que cuando llegan hay que aprovecharlos a pleno y si la ocasión lo permite guardarlos como reserva para cuando arriben los otros. Estos son más asiduos, vienen con más frecuencia y lo que es peor todavía, aparecen cuando menos se piensa.

¿Por acaso no te ha sucedido algo así también a vos, Nazareno?

Hay problemas que afloran de nuestro ser más profundo y son realmente punzantes. Otros que viniendo de afuera y sin conocer a veces su origen, no dejan de ser menos crueles. Pero lo que conviene saber no es tanto de donde provienen, sino que todos, tanto los unos como los otros cuando se hacen presentes casi jamás vienen solos sino con sus inseparables amigos de nombres bien conocidos: sufrimiento, dolor, preocupaciones de toda especie. También soledad, tristeza, angustia y otros males por el estilo.

No quiero explayarme ahora en casos y ejemplos puntuales pero Vos Nazareno que pasaste por todas, podés decirnos mejor que ninguno, hasta dónde el humano puede abrevar el cáliz de la amargura.

En su momento y por voluntad soberana supiste beber el tuyo. Y ¡Vaya cómo lo hiciste! Hasta la última gota. Esa que por ser la postrera debió presumirse como la más potable y la más suave. Sin embargo resultó ser la peor, cuando desde esa cruz que pendías te enteraste que hasta tu propio Padre te abandonó en esos terribles instantes.

No fue acaso esa gota lo suficientemente artera y mortal como para darte el golpe de gracia final y con él hacerte bajar el telón en forma definitiva?Fue lo que por lo menos así pareció. ¿Te recordás aún de esas escenas?

Las cosas se fueron dando como en ordenada cadena. La condena se cumplió sin clemencia. La muerte cantó su victoria. Pero en el momento de hacerlo cayó en la cuenta que algo se le escapó. Sólo pudo quitarte la vida pero no consiguió lo que más pretendía: arrebatarte esa inefable y vital Esperanza que sostuvo toda tu vida acompañándote hasta en los trances más duros.

Y vos bien sabés, Nazareno, que ese intento fallido de quien te bajó el pulgar lejos de acobardarte para nada te amilanó. Por el contrario, impulsó nuevos vientos a las alas de tu Esperanza hacia ese triunfo final con el que continuamente soñabas: tu extraordinaria proeza de la gloriosa Resurrección.

Estaba hilando yo estos recuerdos delante del Nazareno cuando hice un pequeño respiro para poder continuar. Pero al querer intentarlo escuché la inconfundible voz de mi amigo que a manera de suave reproche se preguntaba en voz alta a sí mismo: ¿Habrán sabido los hombres interpretar correctamente estos hechos y aceptar sobre todo mi postrero mensaje, el que salió lleno de luz desde mi tumba vacía? A veces me asaltan dudas viendo su proceder y su actuar.

No dejo de ver sin cierto dolor y tristeza -prosiguió el Nazareno- que pese a lo que los ojos humanos vieron, hay todavía entre ustedes muchos que se resisten a aceptar el “Milagro por excelencia”. El que me muestra como vencedor soberano sobre todo mal en la tierra incluída la misma muerte. Ese sin el cual sería imposible hacer nacer cualquier esperanza sobre mi Reino anunciado.

Y si esto fue así, y se comprobó tal evidencia ¿por qué entonces tanto temor y tantas preocupaciones por lo que les puede pasar a cada uno en la tierra o por los males del mundo que pululan por todas partes?

¿Se olvidaron los hombres tan pronto de lo que más de una vez hablamos sobre la Providencia Divina; de aquello que los pájaros del cielo sin saber sembrar comen lo mismo y q ue los lirios del campo sin saber tejer ni coser se visten con más esplendor que el mismo rey Salomón en su corte...? ¿o que ni un sólo cabello se cae sin que mi Padre lo quiera? (Mt. 6, 25-34; Lc. 12, 22-31)

Claro que todo esto tiene un lenguaje simbólico pero en el fondo encierra una clara advertencia: no dejarse caer ni ante la prueba más dura. Si Él se ocupa hasta de estas pequeñas criaturas, con mayor razón lo hará con los hombres, sus hijos más predilectos.

Él sabe porqué permite y porqué suceden las cosas.

Yo sé que el paso por esta tierra como bien lo expresaste en tu charla no tiene nada de fácil como muchos tal vez lo quisieran. Pero si esto es así aprovechá bien los tiempos de suave bonanza y cuando vengan los otros, aquellos que hacen temblar, no tengás miedo, vení y abrázate fuerte a Mí.

Verás que entre los dos se hará más liviana la carga y la prueba, que el vendaval irá amainando de a poco. Pero sobre todas las cosas sentirás vibrar de dicha tu alma al comprobar que una vez más y pese a todo no te dejaste robar la Esperanza.
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Rogelio Oro 31/10/2005



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