Si hablo de respuesta es porque primero existe una pregunta. ¡Cuántas de unas y de otras habrá recogido nuestro cerebro a través del tiempo! Creo que ningún esfuerzo por intentarlo se justificaría. No sería ni fructífero ni valedero. Sencillamente carecería de sentido.
Aquí tratamos de una respuesta millonaria, lo que equivale a hablar de algo realmente valioso, de máximo quilate. Y si es millonaria la respuesta, la pregunta que le antecede también lo será.
De acuerdo a nuestro conocimiento, no llevamos cuenta consciente de lo que pasa por nuestra cabeza. De aquí no se infiere que entre el interminable cortejo de preguntas y respuestas que desfilan por ella, sólo una se destaque por su prestancia y valía.
Como en todas las cosas de la vida, existe también aquí lo que se llama jerarquía. No veo razón suficiente por la que entre preguntas y respuestas no deba aquella conservarse. Siendo esto así pienso que deberíamos indagar con tesón y firmeza por la que, a nuestro juicio, parezca ser la de mayor importancia.
Siguiendo estas premisas y suponiendo haberla encontrado, me permito preguntarte lector amigo: nunca se te ocurrió formularle a tu yo interior, invisible pero real, la pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida ... el sentido de tu vida? Pregunta clave, por cierto, que exige análoga respuesta.
Confieso que no es fácil ni corriente entablar -de buenas a primeras- un diálogo con semejante personaje. De lo que sí estoy seguro es que, de hacerlo en forma y tiempo oportuno -como sería en calma y armonía interior-, sabrá darte respuestas claras y precisas, si estás bien dispuesto a recibirlas.
Verás por otra parte, que detrás de la pregunta clave: ¿cuál es el sentido de la vida? se deslizan sigilosamente otras tantas que no son sino facetas diferentes de tu gran y única pregunta. Tales como: ¿quién eres?, ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas?, ¿cuál es tu destino? Seguidas de otras realidades que por doquier te acompañan y claman por mostrar el sentido de lo que son y para qué están. Realidades como el dinero, el sexo y el trabajo, la salud y la dicha, el sufrimiento y el placer, el bien y el mal, la vida y la muerte...
¿Te animas a preguntar? Ubícate bien. Conserva la calma. La respuesta no se hará esperar, brotará de lo más profundo de tu ser. Al escucharla, acéptala, no la discutas, no la razones. La conciencia tiene sus reglas, sus planes, su código. Ella será clara , correcta, millonaria. No lo dudes.
Una vez recibida verás que disipa muchos nubarrones de tu cielo. Se abrirán tus ojos a muchos y variados horizontes. Te permitirá una ubicación y orientación en la vida.
Como consecuencia habrás aprendido a gozar cuanto bueno y hermoso hay en ella. Sabrás vivir plenamente. A no perder ocasión. Comprenderás que Dios delineó tu corazón con ansias de plenitud y que hacia ésta ya comenzó tu carrera en su primera etapa. Falta completarla. De continuarla y ser fiel intérprete de la respuesta millonaria, encontrarás la manera de pulverizar cuantos escollos y dificultades aparezcan en tu camino y lograr, al fin, colmar tus aspiraciones infinitas cuando te encuentres junto a Quien supo marcar tu alma con sello de eternidad. |
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