Muchas veces habrás comprobado aquello que por sólo mirar el árbol dejaste de contemplar el bosque que estaba detrás.
Un día entre muchos otros tomé la Biblia y leí: Me puse a considerar las cosas que Dios presenta a los hombres y noté lo siguiente. Él hace que cada cosa llegue a su debido tiempo; pero también invita a mirar el conjunto y descubrir así el sentido global de sus obras (cfr. Eclesiastés 3, 10-11).
La cita me pareció interesante aunque no quedé satisfecho del todo. Algo quedó rebotando sin podérmelo explicar.
De esto me estaba ocupando cuando me acordé de repente lo que el Nazareno me dijo la última vez que nos vimos: "Cuando quieras hablar conmigo no tienes más que buscarme y una vez que me encuentres charlaremos largo y tendido sobre cuanto quieras tratar."
Así que apenas pude ubicarlo fui directamente a su encuentro y una vez junto a Él, sin mayores rodeos le presenté mi inquietud.
¿Por qué, comencé preguntando, el autor de dicho pasaje se empeñó en añadir ya a lo dicho la siguiente expresión: "saber mirar el conjunto de todas las cosas y así descubrir el sentido global de las mismas"?
Sin esperar que yo concluyera me respondió de inmediato:
"¡Cuántas cosas le pasan al hombre con el correr de los días! Sin embargo, qué difícil es dar con alguno que sepa mirarlas a fondo o con mayor detención. Las dejan pasar simplemente sin prestarles mayor atención. Y cuando esto sucede, da la impresión que limita su corta visión sólo a lo que tiene delante, a lo último que le ocurrió a lo que más le golpeó. No atina a extender el esfuerzo a una visión de conjunto para poder descubrir lo que tal vez se esconde detrás de ellas".
Pero, ¿qué impide al humano, insinué casi impaciente, a hacer semejante trabajo al parecer tan simple y sencillo?
Y con el estilo pausado de siempre, pero marcando su pensamiento retomó la palabra y dijo:
"El vivir apegado a mil vanidades e intereses mundanos, no le da mucho tiempo para crearse un espacio de silencio interior. Y aunque dicho trabajo parezca muy simple y sencillo, al no contar con este recurso se le hace difícil poder entrever el lenguaje que tienen las cosas. Es el lenguaje que usa mi Padre en forma continua con sus criaturas. Con ellas advierte una y mil veces entre otras cosas, que la vida es bella, fresca y hermosa y que hay que saberla además disfrutar. Pero también advierte que en muchos casos las cosas cambian, no son así como tal vez uno quisiera. Son lo contrario, desgarradoras y a veces un poco más.
Es el momento de esforzarse en leer bien las mismas y darse cuenta de que Dios allí también se encuentra. Aún en la noche oscura. Que su Amor no merma, siempre es el mismo y que sigue amando como el que más".
¿Cómo es posible -interrumpí sorprendido-, querer ensamblar lo del Amor de tu Padre con las tragedias, miserias y dramas que de continuo vemos a diario?
Además, Tú mejor que ninguno conoces por propia experiencia lo que aquí abajo se amasa y cocina...¿O es que olvidaste tan pronto tu mismísimo drama?
"¡Vaya si me recuerdo!," exclamó contenido. "Lo llevo muy bien grabado dentro del corazón."
"Pero manténte tranquilo y escucha: Por mil razones distintas, ustedes los hombres, suelen a veces mirar y leer las cosas completamente al revés. De aquí tantas dudas, incomprensiones y fallas. ¡Lástima!...también deserciones.
Como el tiempo ya se termina te regalo un secreto por si no lo sabías.
Yo mismo estando en la cruz, casi sentí y leí al revés el drama de mi Pasión. Por eso es que sangriento, deshecho y desesperado sobre ella grité: Padre,¿por qué me abandonaste?
Pero sólo fue por un instante que se me nubló la visión. El gran Amor de mi Padre allí mismo selló su perdón a ese ´quiebre´ que Yo como hombre no pude ni supe evitar."
A lo largo de nuestra vida también suceden muchísimas cosas que al ignorar su razón y el por qué, ante ellas nos revelamos.
Un día vendrá, sin duda, en el que -ya sin cegueras de ninguna clase y especie- saltaremos de dicha y emoción al contemplar con radiante claridad la política del "Gran Amor" en tantas cosas pasadas. |
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